Magos, hadas, caballeros y princesas
inspiran a todos solemnes ternezas,
nos hacen volver furiosos leones.
Recuerdos de un mundo llevado por dentro
en que las bondades eran siempre el centro
en que los malvados
eran castigados,
recuerdos de un orbe de gracia y portento.
Castillos, palacios, un cielo de espejos
brillando ante niños alegres, perplejos.
Sirenas de gala, luceros de arena
ornaban el sueño, quitaban la pena.




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